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Estados Unidos trata de ver la luz tras el COVID-19

El país con más casos de contagiados en el mundo aprobó el mayor paquete de rescate para hacer frente a los efectos del coronavirus en su economía.

31 DE mayo DE 2020. 09:00H Cristina Rodríguez (Nueva York)

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El impacto económico debido a los cierres obligatorios y las medidas de distanciamiento social para contener la propagación del coronavirus está superando las expectativas de los analistas más pesimistas que ya han advertido sobre una profunda depresión económica. La economía de Estados Unidos se contrajo en el primer trimestre a su mayor ritmo desde la Segunda Guerra Mundial. El índice económico de la Conference Board cayó un 6,7% el mes de marzo, la mayor disminución en los 60 años de historia de la serie publicada. El Fondo Monetario Internacional ha pronosticado una caída en la economía estadounidense cercana al 6% para este año y los economistas de Morgan Stanley estiman que el PIB estadounidense caerá un 30,1% en el período abril-junio. Para la ex presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen el Producto Interior Bruto de EE.UU. podría disminuir hasta un 30% en el segundo trimestre.

Estímulo financiero

A finales de marzo Donald Trump firmó un paquete de rescate de 2,2 billones de dólares para hacer frente al COVID-19 y ayudar a la economía estadounidense. Se trata del mayor estímulo financiero de la historia del país y brinda apoyo a trabajadores, empresas, gobiernos locales y hospitales.

Entre otros, se han destinado 510.000 millones de dólares a préstamos para grandes compañías y 377.000 millones para pequeñas empresas. La crisis del coronavirus ha hundido sobre todo a las pequeñas compañías estadounidenses debido a cierres obligatorios y algunas de ellas han tenido que cerrar indefinidamente por no poder hacer frente a los pagos de alquiler o a los salarios de los trabajadores. Se estima que tres millones de estas empresas necesitarán subvenciones especiales para sobrevivir.

Precisamente la Reserva Federal proporcionará financiación a los bancos que participan en este programa para ofrecer préstamos a 4 años a compañías de hasta 10.000 empleados.

El gobierno de Trump también ha destinado 150.000 millones de dólares para apoyar a gobiernos estatales y locales y 180.000 millones para financiamiento a hospitales y atención médica para combatir el COVID-19. El estímulo también llega a empresas de transporte como las aerolíneas con 25.000 millones para apuntalar una industria que ha tenido que parar completamente debido a la pandemia. Otros 290.000 millones irán a parar a los bolsillos de los estadounidenses en pagos directos, repartidos en 1.200 dólares para solteros y 2.400 para parejas que viven en un mismo hogar. Los recibirán aquellos que el año pasado hicieron la declaración de la renta y que ganaron de manera individual menos de 75.000 dólares anuales. Los padres se beneficiarían, ademas, de 500 dólares extra por cada niño menor de 17 años. Esta ayuda busca impulsar el consumo y beneficiará a alrededor de 165 millones de personas.

Antes de poner en marcha este plan millonario, Donald Trump había firmado otros dos proyectos de estímulo con los que se proporcionaron fondos al sistema de salud Medicaid, a la asistencia alimentaria y los beneficios de desempleo. También se destinaron 8.300 millones de dólares a la investigación y el desarrollo de vacunas para combatir el virus. Además, se ponía en marcha Ley de Producción de Defensa para movilizar la capacidad de producción privada de EE.UU. para hacer que las empresas fabriquen los productos necesarios y en escasez (como máscaras, respiradores y otros suministros). Entre otros, General Motors y Ford ya están produciendo respiradores para los hospitales.

El presidente estadounidense cerraba también las fronteras con Canadá y México y prohibía los vuelos desde Europa a Estados Unidos. Además, la Reserva Federal dijo que comprará deuda a corto plazo de manera ilimitada al Tesoro estadounidense y respaldará el flujo de crédito a empleadores, consumidores y empresas mediante el establecimiento de nuevos programas que, en conjunto, proporcionarán hasta 300.000 millones en nueva financiación. La Fed espera que estos movimientos, junto con los otros programas de préstamos, y la reducción de los tipos de interés a cero, puedan apoyar a la economía de EE.UU. en este crítico momento.

¿Más ayudas?

Al paquete de estímulo de 2,2 billones promulgado por el Congreso y la Casa Blanca se podrían añadir otros 250.000 millones de dólares en las próximas semanas. Sin embargo, los economistas han advertido que algunas pequeñas compañías sucumbirán a la bancarrota, a pesar de los 350.000 millones de dólares en préstamos que ya les están siendo abonados, especialmente aquellas que carecen de los recursos necesarios para acceder a esa ayuda de emergencia.

La crisis financiera de 2008 el Servicio de Impuestos Internos del país (IRS) envió dos rondas de estímulo a los ciudadanos. Hasta el momento, y durante esta crisis del COVID-19, los estadounidenses han recibido un pago único que en muchos casos no es suficiente para los que han perdido su trabajo o se enfrentan a dificultades financieras.

Algunos congresistas quieren dar pagos mensuales en efectivo a los estadounidenses que han sido afectados por la pandemia, y los ciudadanos elegibles para esa ayuda recibirían 2.000 dólares en efectivo por mes, garantizado por al menos seis meses. Esos estadounidenses que podrían recibirlo tendrían que tener más de 16 años y ganar menos de 130.000 dólares al año.

Pero esta es solo una idea que está sobre la mesa y que dependiendo del avance de la pandemia y sus efectos en la economía estadounidense podría ponerse en marcha o no.

Más de 20 millones de desempleados

Uno de los efectos del cierre de la economía para evitar contagios y muertes ha llevado a unas cifras récords en el número de desempleados. Más de 22 millones de estadounidenses han perdido sus trabajos en las últimas 4 semanas, desde que comenzó la crisis del coronavirus en el país. Esto representa más del 13% de la fuerza laboral de Estados Unidos, un incremento sin precedentes en un período tan corto.

Dentro del paquete financiero del gobierno, se destinan 260 millones para los desempleados que habitualmente cobraban de 220 a 500 dólares semanales dependiendo de sus ingresos previos (por un máximo de 7 meses) a los que ahora se suman otros 600 dólares adicionales durante 4 meses para hacer frente a la crisis.

Esta situación ha llevado a acabar con 10 años ininterrumpidos de generación de empleo, una racha que comenzó con el presidente Barack Obama, en plena recuperación de la crisis de 2008. Si antes de la pandemia la desocupación rondaba el 3,5%, se prevé que abril alcance e incluso supere el 20%, una cifra que no se veía desde la Gran Depresión de los años 30. Se espera que esa tasa de paro aumente más aún en los próximos meses, según varios expertos.

De hecho, según la Reserva Federal de San Luis, el desempleo en EE.UU. podría superar el 30% en incluso rozar el 40% a finales del segundo trimestre y ha publicado que los despidos estimados ascienden a 47 millones solo en el segundo trimestre.

Otros efectos del COVID-19 en la economía del país se ven en otros datos publicados recientemente por el gobierno estadounidense. Los precios al consumidor de marzo registraron la mayor caída en cinco años y es probable que se produzcan nuevas disminuciones. El índice de precios al consumidor cayó en concreto un 0,4%, lo que supone la mayor bajada desde enero de 2015. Excluyendo los componentes volátiles como alimentos y energía, el IPC de marzo bajó 0,1%, la primera caída desde enero de 2010. El precio de los alimentos subió un 0,3% en marzo debido a la demanda de los consumidores que tienen que pasar más tiempo en sus casas. El costo del alojamiento en hoteles y moteles cayó un 7,7% en marzo y las tarifas aéreas disminuyeron un 12,6% el en mismo mes, la mayor disminución registrada. El precio de la ropa cayó un récord del 2% en marzo y el de los vehículos nuevos bajó un 0,4%, la mayor caída desde abril de 2018. También se produjo una caída en el costo de la gasolina.

También han sido muy malas las cifras de ventas al por menor en Estados Unidos. Se ha producido un caída récord en las mismas en marzo, la mayor caída de toda la serie histórica conocida, que se remonta a 1992. En concreto se han hundido un 8,7%. Y es que entre las industrias más afectadas en Estados Unidos, se encuentran el ocio, la hostelería y el comercio minorista. Las ventas de las tiendas de ropa y accesorios han tenido una caída del 50,5% en marzo respecto a febrero, las de muebles disminuyeron un 26,8%, las de automóviles cayeron un 25,6% y las de electrónica y electrodomésticos disminuyeron un 15,1%. El gasto en artículos deportivos, pasatiempos, instrumentos musicales y librerías se desplomó un 23,3%, mientras que la bajada en restaurantes y bares fue de un 26,5%.

Sin embargo los que han registrado un aumento en la facturación son los establecimientos de venta de alimentos con un aumento del 26,9% mensual y las bebidas con un 28% respecto del mismo mes de 2019. El incremento mensual de las ventas de los supermercados ha sido del 26,9%, hasta los 74.164 millones de dólares. También aumentaron las ventas por Internet y por correo, en total un 3,1%.

A esto hay que sumar que el sentimiento del consumidor estadounidense cayó a un mínimo de casi 3 años y medio en marzo y que la producción manufacturera se hundió en Estados Unidos un 6,3% en marzo, la mayor disminución en la producción de las fábricas desde 1946. Además, la construcción de viviendas se derrumbó en marzo a una velocidad no vista en 36 años.

Reabrir el país

La economía de la nación más fuerte del mundo se tambalea tras semanas de severas restricciones por el coronavirus y Donald Trump quiere reabrir el país. Para ello, el presidente anunció pautas para que los estados comiencen a poner en marcha sus economías que han sido en gran parte cerradas por la pandemia.

El plan “Abriendo América nuevamente”, que incluye tres fases con distintas directrices, dará a los gobernadores la autoridad para tomar decisiones sobre cómo procederán sus estados en las próximas semanas y meses.

Para poder iniciar la fase uno se debe cumplir con un período de 14 días consecutivos de reducción de contagios y que los hospitales vuelvan a la demanda hospitalaria que existía antes del coronavirus.

1) Si esto se cumple, en esa primera fase de la reapertura se deberán evitar eventos sociales y grupos de más de 10 personas si las medidas de distanciamiento social (de dos metros) no se llevan a cabo. En esta etapa se prevé un regreso paulatino a los lugares de trabajo, siempre con ciertos parámetros de distanciamiento social, mediciones de la temperatura de todos los empleados y altos estándares de higiene, además de seguir alentando el teletrabajo.

También se deberán minimizar los viajes no esenciales y los grupos más vulnerables al virus, como los ancianos, deberán permanecer en cuarentena. Los bares, pequeños restaurantes y las escuelas permanecerán cerrados en esta fase 1, pero los grandes espacios como cines, grandes restaurantes, estadios y lugares de culto podrán abrirse con “estrictos protocolos de distanciamiento físico”, al igual que los gimnasios que podrán reabrir pero con nuevas medidas. Y los hospitales, que se están viendo desbordados con casos de COVID-19, podrán reanudar las cirugías críticas.

2) La segunda fase se aplicará a aquellos estados y regiones sin evidencia de un rebote en los casos de contagiados y muertos. Las pautas para ellos recomiendan evitar grupos de más de 50 personas donde la distancia de seguridad no se pueda mantener. Se seguirá insistiendo en el teletrabajo para las empresas que puedan llevarlo a cabo. En esta etapa los viajes no esenciales podrán reanudarse. Y las escuelas, los campamentos juveniles y algunos bares grandes que cumplan ciertas condiciones podrán reabrirse, pasando la restricción de estricta a moderada, al igual que pasará con iglesias y eventos musicales y deportivos. Sin embargo las personas vulnerables deberán seguir confinadas durante esta fase y seguirán prohibidas las visitas a las residencias de ancianos y a los hospitales.

3) En la fase tres se se levantan la mayoría de restricciones y las personas más vulnerables podrán salir a la calle, manteniendo el distanciamiento físico, y ya se podrán visitar ancianos y hospitales, siempre con ciertas precauciones. Se reabrirán todos los bares. Esta tercera etapa no incluye restricciones en los lugares de trabajo.

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