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Petróleo: cómo afecta la transición ecológica

Según BNY Mellon la transición será gradual a un modelo sostenible será gradual, puesto que todo cambio requiere tiempo

06 DE octubre DE 2019. 00:00H Héctor Chamizo

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El mundo de la energía va a cambiar enormemente con el paso del tiempo. La sostenibilidad ha llegado para quedarse y se irá plasmando en los mercados, según vayan transcurriendo los años. Según los expertos de BNY Mellon, los días en que las grandes petroleras negaban el cambio climático son cosa del pasado. Hoy en día, su mensaje es que se trata de un peligro muy real, y como actores clave en el sector de la energía deben liderar el desarrollo de soluciones en áreas diversas, desde energía solar, baterías y parques eólicos hasta biocombustibles y captura de carbono.

Pese a hallarnos todavía en las fases iniciales de la transición de los combustibles fósiles a las renovables, dos aspectos están claros. Desde el banco norteamericano exponen que el primero es que no existe "una solución milagrosa e inmediata: necesitamos una amplia cartera de energías limpias y opciones con menores emisiones de carbono". Por otra parte, esta transición "será gradual".

De este modo, el mejor modo de evaluar las perspectivas del petróleo es considerar la demanda futura de sus cinco usos principales. El primero es el fuel, cuya demanda va a disminuir al ser sustituido por gas más limpio para la calefacción de viviendas, y debido a unos criterios más estrictos de combustible marítimo, describen estos expertos.

Asimismo, el siguiente es la gasolina. Cuando la gente debate acerca del panorama del petróleo, la conversación desemboca invariablemente en los vehículos eléctricos (VE). No obstante –incluso en escenarios muy optimistas de penetración de los VE– creemos que la demanda de gasolina se mantendrá firme por muchos años, dado lo establecido de las flotas de coches con motor de combustión y el crecimiento en los mercados emergentes.

Lo mismo es válido para el diésel, el combustible de aviación y los productos petroquímicos. La gran mayoría de los autobuses y camiones pesados continuarán consumiendo diésel en el futuro inmediato. El número de pasajeros aéreos podría doblarse en las próximas dos décadas, y está claro que los aviones eléctricos todavía están muy lejos, con lo que la demanda de combustible de aviación continuará creciendo. Por último, la petroquímica es un área en la que hoy en día quedan pocos sustitutos obvios para la enorme gama de materiales derivados del crudo.

Si asumimos que la demanda de petróleo va a crecer en los próximos 15 años, cabe preguntarse: ¿cómo crearemos nueva oferta para satisfacerla? Los yacimientos petrolíferos se deterioran en torno a un 5% cada año, y sin nueva inversión, la oferta caerá con rapidez. En 2035, la gran mayoría del petróleo consumido procederá de fuentes de producción totalmente nuevas, que todavía no se han desarrollado o siquiera descubierto.

Mucha gente apunta a la Cuenca Pérmica estadounidense y su crudo de esquisto como una solución, pero esto solamente representa una proporción muy pequeña de la oferta de petróleo, con lo que no tenemos más opción que buscar otras. Satisfacer la demanda futura requerirá literalmente billones de dólares de inversión, junto a niveles inauditos de tecnología e ingenio.

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