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Sábado, 24 de febrero de 2024
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Inversión

La crisis ha sido el catalizador definitivo para la inversión responsable

Pese a que el debate en torno a si la inversión responsable aporta mayor rendimiento o no a las carteras sigue sobre la mesa, poco a poco, los datos van demostrando que se puede confiar en esta inversión como fuente de rentabilidad a largo plazo. Es una de las conclusiones que se han puesto de […]

08 oct 2020

Pese a que el debate en torno a si la inversión responsable aporta mayor rendimiento o no a las carteras sigue sobre la mesa, poco a poco, los datos van demostrando que se puede confiar en esta inversión como fuente de rentabilidad a largo plazo. Es una de las conclusiones que se han puesto de manifiesto en el encuentro digital organizado por Dirigentes con participación de BMO Global Asset Management, NN IP y Amundi. “Desde la última caída de marzo los índices sostenibles en general lo han hecho mejor, con lo cual tanto datos reales de mercado como estudios empíricos nos están corroborando la rentabilidad de la ESG que, además, genera un efecto bola de nieve que va tomando tracción a medida que pasa el tiempo”, asegura Jorge Díaz, responsable de Ventas Institucionales de Amundi. De hecho, para Álvaro de Liniers, responsable de Desarrollo de Negocio de NN Investment Partners, la actual crisis del Covid-19 ha sido el catalizador que “ha quitado la venda de los ojos” a muchos inversores sobre la inversión sostenible. 

En efecto, recuerda que en el primer trimestre del año salieron cerca de 150.000 millones de euros del universo europeo de fondos de inversión, frente a lo ocurrido en los mandatos sostenibles, que captaron cerca de 30.000 millones de euros. “El inversor está poniendo en valor la inversión responsable y ha dejado atrás el mito sobre que los fondos de este tipo pudiesen ser un lastre para la rentabilidad o ser temas de filantropía o moda. Los estudios demuestran que a medio y largo plazo han funcionado bien y merecen la pena”, subraya. Una idea que corrobora Luis Martín, responsable para el Sur de Europa y Latinoamérica de BMO Global Asset Management, quien pone sobre la mesa el comportamiento del índice MSCI World en euros en este complicado 2020 y el de su comparable "responsable". “Lleva una rentabilidad del -3,83%, mientras que su versión ISR en euros está en un +0,73%, es decir, en este año, el índice mundial de renta variable global con sesgo ISR lo ha hecho casi 4 puntos y medio mejor que el índice tradicional", lo cual es una muestra más de que, en momentos complicados, “la inversión responsable tiende a proteger el capital”. Además, destaca que es menos volátil y tiene menos riesgo “porque, al final, inviertes en compañías de mayor calidad”, además de mostrarse convencido de que desde el punto de vista de rentabilidad los fondos sostenibles lo harán mejor a largo plazo. 

Impacto y engagement

La medición del impacto y el engagement o compromiso activo de las gestoras sostenibles con las compañías en las que invierten han sido otros de los puntos analizados. Para Martín, es clave esa medición del impacto que se genera con las inversiones ESG. “Nosotros lo que hacemos es descomponer el beneficio de las compañías en las que invertimos en base al impacto que tienen en cada uno de los ODS”, pero también cita otros modos de cuantificarlo, como la medición del consumo de agua o el de la huella de carbono... Sea como sea, tiene claro que “para que una gestora se considere sostenible tiene que medir el impacto de sus inversiones porque ese el último eslabón de la cadena: el primero es excluir compañías que puedan tener prácticas poco sostenibles, el segundo la integración de factores ESG en la gestión o en el análisis de las compañías ( que eso lo va a hacer todo el mundo sean gestoras o no sostenibles) y, en tercer lugar, hay que medir el impacto”, defiende.

Respecto al compromiso activo con las empresas de cara a que incidan en su compromiso social, medioambiental y de gobierno corporativo existe coincidencia al señalar que es determinante el papel de las gestoras. “Nuestra política es que ejercemos engagement con todas aquellas compañías en las cuales tenemos al menos un 0,05% del capital, lo que supone más de 3.500 votos en juntas generales de accionistas al año”, apunta Jorge Díaz. En este sentido, destaca que el presente es dar una nota en función de los tres pilares ESG, pero el engagement permite ir más allá. "Si ya sabemos a través de las políticas activas que una compañía va a ejercer los cambios que nosotros queremos, nos podemos adelantar a su evolución y podemos invertir en ella cuando coge esa aceleración, ese momentum en cuanto a mejora del rating ESG”, explica.

Bonos verdes

En el encuentro ha quedado de manifiesto el dominio y la solidez de los bonos verdes en la inversión ESG de renta fija. En este sentido, De Liniers recuerda que el BCE acaba de declararlos elegibles para formar parte de su universo de compras de deuda y señala que ya no son un mero nicho de mercado porque “representan un universo invertible mayor del que puedan suponer los bonos convertibles a nivel global o incluso que el high yield europeo”. Espera que este mercado de bonos verdes acabe el año con un volumen total de unos 750.000 millones de euros y asegura que desde NN IP descartan, por el momento, invertir en bonos sociales, pese a ser un mercado que solo este año ha crecido más de un 40%. “Pensamos que aún es un mercado poco maduro (...) El mayor reto que tienen por delante es crear un reporte de impacto que sea más estandarizado, más transparente, que asiente un poco la credibilidad de este tipo de activo y así siente las bases para un crecimiento sostenido más allá de esta crisis”, afirma.

Sin embargo, este tipo de bonos han emergido con tanta fuerza que a BMO Global Asset Management le ha hecho replantearse el lanzamiento previsto de un fondo de bonos verdes para tornarlo de bonos sostenibles, de manera que incluya también bonos sociales. Martín cree que su auge es un camino irreversible dado que cada vez más compañías, incluso las energéticas, están anunciando que serán neutras en emisión de gases invernadero. “Eso requerirá que cuando se financien tendrán que hacerlo a través de este tipo de bonos”, señala.

Luis Martín, Álvaro de Liniers y Jorge Díaz

Taxonomía y greenwashing

El denominado eco-blanqueamiento y el avance de la regulación de todo lo relacionado con la inversión responsable son dos de los grandes retos a los que se enfrenta este tipo de inversión. Díaz considera indispensable que “que todos los actores en este juego hablen el mismo idioma y para que ello ocurra una parte muy importante viene por la parte de la legislación y la taxonomía”. Defiende que aún hace falta mucha homogeneización y cree que todo avance en términos de regulación hará mucho más complicado el greenwashing. 

De Liniers destaca que “nosotros en la parte de carteras de renta fija sostenible, por el llamado greenwashing o por buscar un poco lo que es más verde oscuro, descartamos de inicio cerca del 20% del universo invertible que se puede clasificar como bonos verdes porque pensamos que no todos los bonos o todas las emisiones son igual de verdes”.

Por su parte, Martín tiene claro que “la legislación acelerará el proceso” hacia este tipo de inversiones, de modo que cada vez “habrá más penetración de vehículos sostenibles en las carteras de los españoles”. Además, se muestra convencido de que “de que de aquí a unos años todas las gestoras van a integrar factores ISR, van a hacer exclusión y todas van a medir el impacto. Es cuestión de tiempo, dentro de algunos años esto va a ser el estándar de mercado”.

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